La Vida Budista de Benedict Cumberbatch, por Dominic Wells (Parte 1)


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Foto: Tenzing Rikksang.

En noviembre pasado, el honorable Dilgo Khyentse Yangsi Rinpoche mostró fotos de la visita de Benedict Cumberbatch y sus invitados, al monasterio de Shechen en Nepal. A raíz de eso, se abrió una ventana para conocer el lado espiritual de Cumberbatch, al cual podemos darle un vistazo gracias al artículo de Dominic Wells, publicado en la revista Lion’s Roar en su edición de mayo, que hemos traducido para ustedes:

 

 

La Vida Budista de Benedict Cumberbatch, por Dominic Wells

El estelarizar roles que van desde Van Gogh y Alan Turing a Sherlock Holmes y Hamlet ha convertido a Benedict Cumberbatch en uno de los actores más célebres del mundo. Con todo ello, él se ha mantenido de buen humor, con los pies en la tierra y compasivo. Él se sienta con Dominic Wells para hablar sobre el papel que el budismo ha desempeñado en su vida y carrera.

La espiritualidad y el arte, incluso en el lugar supuestamente desalmado y orientado por el dinero que es Hollywood, están estrechamente conectados. ¿Cómo puede una persona creativa no buscar entender el significado más profundo detrás de nuestra existencia?.

Cuando entrevisté a George Lucas, dijo que cuando era un adolescente, él había salido volando por la ventana de un automóvil en un accidente de alta velocidad -en épocas anteriores a las bolsas de aire, sólo su cinturón de seguridad le salvó la vida, lo que le hizo tomar controlar su vida descarriada y tratar de sobresalir en la cinematografía. El despertar espiritual que esto provocó también encontró expresión en ‘La Fuerza’, esa noción mística de equilibrio que impregna su universo de Star Wars. David Lynch, cuyas películas parecen sueños evanescentes capturados y grabados en la gran pantalla, me dijo que evitó la psicoterapia porque temía que eso afectara su creatividad, pero es un incansable defensor de la Meditación Trascendental.

copyscape-banner-white-160x56Pero la historia de Benedict Cumberbatch es en cierto modo la más llamativa de todas. En pocos años desde que asumió el papel de un moderno Sherlock Holmes en la serie de la BBC que tiene un éxito fenomenal, el rompecorazones se ha convertido en uno de los mejores actores de Gran Bretaña. Ha aparecido en grandes éxitos como Star Trek: Into the Darkness y The Hobbit y películas de prestigio como 12 Years a Slave y The Imitation Game. Recientemente iluminó el escenario de Londres en el más exigente de todos los papeles: el Hamlet de Shakespeare.

Algunos críticos atribuyen su éxito al entrenamiento que él recibió en LAMDA (London Academy of Music and Dramatic Art), una de las mejores universidades de drama de Gran Bretaña. O a los diez años anteriores a Sherlock en los que fue relativamente poco conocido, combinando el teatro con la televisión y en cine interpretando a Stephen Hawking (diez años antes de que su amigo Eddie Redmayne obtuviera el Óscar por el mismo papel) y un millonario violador en Atonement. Pero cuando conocí al actor, el ubicó su éxito en el tiempo que enseñó inglés a los monjes budistas tibetanos en un monasterio budista cerca de Darjeeling, India, durante su año sabático antes de ingresar a la universidad.

“La quietud es una parte esencial de la actuación”, continuó, “así que ya tenía cierta concentración en eso de antemano. Un punto inmóvil es un lugar muy, muy difícil de encontrar, especialmente en un mundo arrastrado por los destellos de la tecnología moderna”.

Su formación budista, reflexiona, fue particularmente importante para sumir el papel de Sherlock que definió su carrera.

“Sherlock Holmes es un personaje interesante”, explica. “Es alguien que tiene que dejar mucho de lado. Él tiene formas de bloquear el ruido blanco, como raspar desafinado en un violín. Otra es que es grosero con la gente, diciéndoles todo el tiempo que se callen”.

“Creo que hay un paralelo real: como actor, tienes que ser capaz de ocultar las distracciones. He tenido momentos de lujo, como la noche de prensa de una obra llamada The City de Martin Crimp. Un teléfono sonó en la audiencia durante unos cinco minutos. ¡Eso tomó mucha concentración!

Foto: Tenzing Rikksang.
Foto: Tenzing Rikksang.

Cumberbatch es toda alegría al hablar: animado, articulado, adoptando una gama de voces al contar una anécdota. “Esta es una conversación alimentada por el café”, se disculpa un momento, cuando ha estado hablando sin parar durante diez minutos. “Estoy tratando de abarcar muchas cosas -no hablo así todo el tiempo, porque tengo una relación con otras personas que no duraría”.

Pero hay una razón más profunda por la que, aunque toma su oficio en serio, él no se toma demasiado en serio, el por qué sigue siendo, como todo mundo sabe, una de las mejores y genuinas celebridades más importantes. Fueron los monjes tibetanos quienes le enseñaron que no tienes que ser aburrido para ser serio acerca de su profesión o su espiritualidad: que el humor es una parte intrínseca y necesaria de la vida.

“Eran gente increíblemente cálida, inteligente y divertida”, recuerda Cumberbatch con una sonrisa. “Difícil para enseñarles inglés. Construí una pizarra, que ningún maestro anterior parecía haber hecho. Con doce monjes en una habitación, con un rango de edad de alrededor de entre ocho a cuarenta, algo que es muy importante. La cosa de la recompensa -el asunto del castigo, de dulces o ningún dulce, o juego o ningún juego, funcionó absolutamente bien. Pero me enseñaron mucho más de lo que yo jamás podría enseñarles.

¿Y qué fue exactamente eso? “Me enseñaron acerca de la simplicidad de la naturaleza humana, pero también la humanidad en ello, y el ridículo sentido del humor que necesita para vivir una vida espiritual plena”.

No tardó en llegar un ejemplo específico. “Hubo un momento en que estos dos perros estaban uno encima del otro, atorados, en el patio trasero, y toda esta risa. -¡Señor, señor, vaya, señor, señor, rápido! »Estos dos perros estaban pegados como un pushmi-pullyu [el animal de dos cabezas del Dr. Doolittle]. Los monjes estaban en el suelo riendo. Fue tan gracioso.  Todos decían “¡Momento Kodak, señor, momento Kodak!” “Brillante!”.copyscape-banner-white-160x56

Se ríe para sí mismo, reviviendo la escena y su entusiasmo es contagioso. De hecho, sólo hay un punto en nuestra conversación cuando la risa se detiene. Es entonces cuando revive una experiencia desgarradora cuando se enfrenta a la inminencia de su propia muerte violenta. Es una experiencia que le dejó más espiritualizado y ansioso por agarrar la vida con ambas manos.

(Continúa en la siguiente publicacion IR)

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