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Portada de la edición de mayo 2016

Lion’s Roar – Mayo 2016

Seguimos con la segunda parte de la entrevista a Benedict Cumberbatch, escrita por Dominic Wells para la revista Lion’s Roar de mayo. La primera parte se encuentra (acá).

La Vida Budista de Benedict Cumberbatch, por Dominic Wells

Benedict Cumberbatch estaba filmando una mini-serie de la BBC llamada “To The Ends of The Earth” en Sudáfrica en 2005, cuando él y sus amigos fueron secuestrados en su propio auto por seis pistoleros armados. Tenía las manos atadas y se vio obligado a entrar en el maletero del coche y los condujeron por sendas llenas de baches fuera de la carretera principal.

Cuando el coche se detuvo, lo arrastraron y le ordenaron arrodillarse en la tierra junto a sus amigos, con un edredón cubríendo su cabeza. Estaba absolutamente seguro de que estaban a punto de morir a tiros. En lo único en lo que podía pensar era hablar, decirle a los hombres armados que sería una tontería dispararles, que sólo les causaría dificultades tener que deshacerse de un actor inglés muerto. Debe haber sido el ‘performance’ de su vida (literalmente), porque los secuestradores los dejaron allí y huyeron.

Después de eso, comenta: “Fui un poco loco. Fui a los extremos de la tierra en Namibia y me volví adicto a la adrenalina en Swapismund. Porque cuando te has visto obligado a mirar la idea de que mueres solo, te dirás: ‘Oh, bien, bueno, si estoy sólo al principio y al final de esta vida, bien podría hacer algunas loqueras bajo mi propio riesgo.

“Fue, supongo, la reacción opuesta a convertirme en agorafóbico, aislado y torturado, ¡hay suficiente de eso en mi trabajo! No quería que ese pequeño incidente me alejara de la belleza de África. Quería volver a formar parte de la gente y no temerle.

Es una respuesta maravillosamente iluminada a un incidente que podría haber afectado emocionalmente a otra persona. Que eso sólo profundizó su agudo sentido de la injusticia social y el profundo amor por su prójimo quedó muy claro durante su temporada en Hamlet. Cuando Caitlin Moran, una periodista y autora que previamente había entrevistado a Cumberbatch, le pidió que contribuyera a una caridad en apoyo de los refugiados sirios, él estuvo de acuerdo. Desde su camerino, grabó un video de sí mismo leyendo el poema Home: “Tienes que entender que nadie pone a los niños en un bote a menos que el agua sea más segura que la tierra”. copyscape-banner-white-160x56

Su contribución no terminó allí. Todas las noches en el Barbican Theatre, después de la caida del telón, rompió con la tradición y sacando un bote para colectas e hizo un llamado personal al público desde el escenario. Hacia el final de la temporada a finales de octubre, llegó a los titulares en todo el mundo al pronunciar un apasionado “Al carajo con los políticos” durante su discurso.

No era el tipo de lenguaje al que los asistentes al teatro británicos están acostumbrados a cuando se apuntan a una noche de Shakespeare. La actriz Samantha Morton, por ejemplo, apoyó su crítica a la respuesta a la crisis de refugiados, diciendo que “no puede entender cómo ciertos individuos dentro de nuestro gobierno pueden dormir por la noche”.

Cumberbatch recaudó más de un cuarto de millón de dólares en donaciones del público. ¿Habría actuado de esta manera si no hubiera pasado tiempo con los monjes tibetanos? ¿Sin haber tenido su propio roce con la muerte?

Cumberbatch es reacio a hablar en detalle sobre sus creencias personales y espirituales, pero se describe a sí mismo como un budista -“al menos filosóficamente”- y dice que se siente atraído por lo “trascendente”. Es fácil ver por qué, una vez que su fama en la televisión y el cine le había ganado su selección de piezas de teatro, eligió a Hamlet. No es tanto que sea el Everest que todos los actores temen y desean escalar simultáneamente. De hecho, Cumberbatch es característicamente modesto sobre ese aspecto, un poco tímido cuando anunció por primera vez el proyecto: “Quiero decir que Hamlet es un proyecto muy vano en cierto modo, ¿no es cierto?. Porque cada actor quiere tener su oportunidad con eso, y yo también quiero tener la mía.

Foto: Tenzing Rikksang.

Foto: Tenzing Rikksang.

Es más porque Hamlet es una obra de búsqueda espiritual: desde la aparición del fantasma de su padre, a su agonía sobre si “ser o no ser”, y especialmente la línea clave, “Y así el matiz nativo de la resolución se opaca con el pálido reflejo del pensar”. Hamlet sabe que debe actuar para vengar a su padre, pero al pensar mucho en lo bueno y lo mal, y cuándo y cómo, falla una y otra vez en hacerlo. Ese es el punto crucial y la tensión en la obra. Cumberbatch desempeñó el papel con una cantidad inusual de humor físico -actuando como un soldado de juguete en las escenas de locura- lo que hizo de este incapacitado Hamlet a alguien más orientado a la acción y menos incapacitado para pensar que cualquiera de las docenas de producciones que he visto anteriormente.

Tras haber pasado más de una hora en compañía de Cumberbatch, y maravillado por la velocidad y la articulación con la que los pensamientos brotan de él, es claro que hay una razón por la que es elegido tan frecuentemente para interpretar hombres súper inteligentes -Stephen Hawking, Alan Turing, Sherlock Holmes. La inteligencia es una cualidad que es muy difícil de falsificar si un actor no la posee de antemano. Pero viendo su actuación como Hamlet, te das cuenta de que Cumberbatch, en común con el dulce príncipe de Shakespeare -y con Sherlock- debe sentir que la velocidad a la que funciona su cerebro es tanto una maldición como una bendición. “Me encanta el aire libre, tirarme de los aviones, ese tipo de cosas”, dice en algún momento de nuestra entrevista. Esa es una forma de, por decirlo así, salir de tu mente. El budismo, y la quietud de los pensamientos, y la quietud que viene a través de la meditación, es quizás la ruta más constructiva.

 “A veces, como actor, estás buscando el infinito”, dice. “Si puedes sostener eso, si puedes recordar eso en medio del caos, te anclará y te dará gracia y alivio.”

Cumberbatch era un joven profesor de inglés desconocido cuando hizo su conexión con el budismo en un monasterio tibetano en Darjeeling. Regresó al Himalaya como una de las estrellas de cine más grandes del mundo.

Fue su papel como Doctor Strange lo que lo llevó a Nepal, que representa el mítico Tíbet, donde el héroe de cómic aprendió sus “artes místicas”. Cumberbatch dijo al Wall Street Journal que estaba muy emocionado por la “dimensión espiritual” de la película, que era “una dimensión enorme de mi vida, obviamente. Yo medito mucho”.

Filmó escenas en algunos de los sitios famosos del Valle de Katmandú, como la stupa de Swayambhunath y los templos hindúes sagrados y los terrenos de cremación de Pashupatinath. Era natural que se tomara un tiempo libre para volver a conectar con la tradición monástica que había inspirado su interés por el budismo.

En el enclave tibetano de Boudhanath, las calles adoquinadas alrededor de la famosa stupa albergan algunos de los monasterios más importantes de la diáspora tibetana. El monasterio más grande de Shechen fue fundado por el difunto Dilgo Khyentse Rinpoche, uno de los maestros tibetanos más influyentes del siglo XX.

Allí Cumberbatch, acompañado por Chiwetel Ejiofor y su amigo Adam Ackland, tuvo una audiencia privada con el joven maestro budista reconocido como la reencarnación de Dilgo Khyentse Rinpoche. Tuvieron lo que se describió como una larga y fascinante conversación sobre la filosofía y la práctica budistas. Después, un Cumberbatch radiante fue fotografiado con Dilgo Khyentse Yangsi Rinpoche, portando la bufanda blanca tradicional llamada kata que significa huésped honorable en sociedad tibetana. Su amplia sonrisa decía que su conexión con el budismo sigue viva y alegre.


*Dominic West es un guionista y periodista británico. Fue editor del Time Out de Londres y de la sección de Arte de The Saturday Times.

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