El Evangelio Según Benedict Cumberbatch, por Aaron Hicklin para la Revista Out


Aquí la traducción libre de la entrevista de Benedict Cumberbatch con Aaron Hicklin. El original lo encuentras (aquí

Listo para dar su toque personal a Alan Turing, a la estrella deSherlock Benedict Cumberbatch no le son desconocidas la política sexual y el bullying. Y se enfrentará a todos los contendientes.

Fotografías de Samuel Bradley en locaciones del Barbican Conservatory en Londres.

Fotos de Samuel Bradley tomadas en el Barbican Conservatory, Londres, G.B.
Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B. Pants de Tommy Hilfiger

Lo más popular el próximo verano en Londres no será One Direction, Miley Cyrus o Beyoncé. Es Benedict Cumberbatch interpretando a Hamlet en el teatro Barbican. Unos cien mil boletos para la temporada de 12 semanas salieron a la venta unos días antes de verme con Cumberbatch -casualmente en el Barbican- y se agotaron en minutos. Aún con los robustos estándares del teatro londinense (más de 22 millones de personas asistieron a espectáculos durante la temporada 2012 – 2013), vaya récord.

Para Cumberbatch, aceptar el desafío del papel más ambicioso en el teatro – “un tiro a la canasta que todo actor ilustre debe lanzar”, como lo dijo el ensayista Max Beerbohm alguna vez- puede ser un rito de paso, pero también es una prueba sobre si la cultura popular puede abrir las puertas a la alta cultura. ¿Puede el ídolo pop Sherlock llamar la atención de sus gritonas fans hacia el Bardo? “Espero que de cierto modo entre a lugares en los que la televisión a veces lo hace”, dice Cumberbatch, “atraer a la gente para que me vea en vivo y que nunca haya visto a Shakespeare. Queremos a la gente que nunca ha estado en un teatro, pero tampoco estamos interesados en ingeniería social, así que no le podemos decir a otra muestra representativa de la sociedad, “Oh, perdón, tú tienes credencial de la biblioteca. Vete al carajo””.

Por supuesto, la clase de fama que puede vender una temporada de tres meses en minutos también tiene sus desventajas. Apenas nos habíamos sentado en nuestro banco en Gin Joint -un refinado restaurante en el Centro Barbican- cuando Cumberbatch maldice gentilmente para sí mismo: “Oh, Dios, ahí vamos, ahí vamos”. Señala a dos mujeres de mediana edad en floridos vestidos sentadas en una mesa al otro lado del lugar. “Las floreadas allá”, dice, desviando los ojos. “Están volteando mucho, ya comenzó”.

Pero seguramente Cumberbatch, de 38 años, ¿debe estar acostumbrado a tanta atención a estas alturas? Él asiente. “Me he esforzado mucho tiempo para estar hasta donde he llegado observando la conducta humana, así que de todos modos soy realmente sensible a eso”, dice. “Y no puedes evitar sentirte que estás en exhibición, lo cual en ciertos días está bien – lo haces sin problema, y haces lo que tengas que hacer como intérprete y humano, simplemente sentirte a gusto y cómodo en tu propia piel. Pero todos tenemos días cuando preferiríamos no mostrar nuestra cara por cualquier razón – porque tenemos resaca, o estamos retraídos, por cualquier cosa, física o emocional. Y entonces es muy difícil. Es muy, muy difícil, porque simplemente no te quieres involucrar en eso”.

Es algo extraño de la fama que pone a las celebridades en una desventaja distinta – sabemos mucho más de ellas que lo que ellas pueden saber de nosotros. Una búsqueda en Google arroja más cultura general sobre Cumberbatch de lo que podría ser útil. De una aparición en el programa de Katie Couric, nos enteramos que prefiere perros a gatos (pero no tiene ni uno ni otro), que si fuera una estrella pop sería Jónsi de Sigur Rós, y que piensa que su nombre suena como “un pedo en una bañera”. De otras partes, descubrirás que es muy bueno con los acentos (interpretó al Profesor Snape en un episodio de Los Simpson); que una vez dio clases en un monasterio budista tibetano en India; y que uno de los apodos más creativos que le dieron en la escuela fue “Bendy Dick Cum on My Baps” [N. de T.: juego de palabras que en inglés suena similar a su nombre y significa: “pene flexible vente en mis panecitos”]. Su nombre, por alguna razón, es fuente de constante risa. Cuando Jimmy Kimmel pidió a gente en la calle que definiera ‘Cumberbatch’, hubo respuestas tan variadas como “un lote de pepinos” [N. de T.: en el original “a batch of cucumbers”] y “una verruga en el pie”.

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Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B.  Abrigo de Brioni. Sweater de Berluti. Pantalones por Maison Martin Margiela. Calcetines de Uniqlo. Zapatos de Burberry Prorsum.

El hecho de que sea tan afable sobre esto -que es un actor de categoría ‘A’ mayúscula que puede arreglárselas con Shakespeare con la misma facilidad y confianza con la que se las arregla con las indignidades del circuito de programas de variedades- es parte de lo que hace a Cumberbatch tan encantador. Su simpatía y afabilidad no se sienten ni forzadas ni maniáticas. Quizá porque su ascenso ha sido tan rápido, al menos en Estados Unidos, parece que no ha tenido tiempo para hartarse de su fama, o de desgastarse ante sus carencias. The New York Times recientemente lo nombró “la superestrella accidental” porque, bueno, parece que se tropezó con su fama sin esforzarse realmente. Ríe ante la tendencia de los estereotipos hollywoodenses al decir que él apareció  (“¿Lo hice? Perdón, espero no haber apestado mucho”) [N.de T.: Juego de palabras: ‘popped’ (aparecer de repente) en inglés es fonéticamente parecido a ‘pooped’ (relativo a excremento)], pero coincide en que su carrera se ha acelerado.

Cinco años antes, Cumberbatch aparecía en un bien hecho pero definitivamente poco visto segmento de la TV: las novelas policíacas de domingo en la noche y los dramas de época como Small Island, basada en la premiada novela de Andrea Levy sobre los inmigrantes jamaiquinos en la Gran Bretaña de 1940. Luego, en el otoño de 2010, llegó el reboot contemporáneo de la BBC de Sherlock Holmes, protagonizada por Cumberbatch como el mismo detective – un papel que lo ha definido, con seguridad, como James Bond definió a Sean Connery. El programa fue una sensación desde su lanzamiento (sólo hay tres episodios por temporada), y ahora es visto en 180 países. Como recompensa, Cumberbatch y su co-protagonista, Martin Freeman, se llevó cada uno a casa un premio Emmy en la entrega de este año (derribando las expectativas del elenco de la película de Ryan Murphy para HBO The Normal Heart).

Sherlock se encuentra actualmente en pre-producción para la temporada 4, una misión compleja dados los muchos compromisos de Cumberbatch. Tiene tres películas programadas para estrenarse solo entre Acción de Gracias y Navidad, incluidos los gigantes de temporada Penguins of Madagascar (en la que interpreta a un lobo que es un agente secreto llamado Declassified) y The Hobbit: The Battle of the Five Armies de Peter Jackson. Pero la película que podría merecerle una nominación al Óscar es The Imitation Game, una biografía sobre el matemático gay Alan Turing y su labor al descifrar el código Enigma usado por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Salvo tal vez Churchill, Roosevelt y Stalin, Turing, con este acto, hizo más que casi cualquier otra persona para asegurar una victoria de los aliados.

The Imitation Game resulta ser una película nada excepcional con una actuación excepcional en el fondo. Al igual que The King’s Speech, está elegantemente hecha, bellamente filmada, y fiel a su material de origen (en este caso, la excelente biografía de Andrew Hodges de 1983, Alan Turing: The Enigma). Pero lo que hace creíble a la película es la inmensamente cautivadora actuación de Cumberbatch como Turing, un inadaptado a gusto con su homosexualidad (llamó a su computadora Christopher en honor a un amor no correspondido que tuvo siendo estudiante), pero totalmente sin concordar con el mundo que le rodea. Utilizando la acertada comparación de David Leavitt, Turing era una especie de Sr. Spock de la vida real, insensible al discurso humano, y totalmente incapaz de “leer entre líneas”.

Turing tenía 41 años de edad cuando fue encontrado muerto por su ama de llaves, una manzana a medio comer junto a su cama. La manzana – que según la leyenda urbana fue la inspiración para el logotipo de las computadoras Apple – se cree comúnmente que pudo haber sido contaminada con cianuro, aunque esta teoría ha sido cuestionada por algunos biógrafos que afirman que su muerte fue un accidente. Lo que es innegable es que fue perseguido en sus últimos años por las autoridades después de haber sido arrestado por “indecencia grave” con otro hombre. Confrontado con prisión o un régimen de inyecciones de estrógeno para “curarlo” de sus tendencias, eligió la segunda. En diciembre pasado, casi 60 años después de su muerte, Turing recibió un indulto real póstumo a su condena. El gesto, tras años de campaña, dejó a Cumberbatch claramente decepcionado.

“Es un insulto”, dice el actor, “que cualquiera con autoridad o en posición para quitárselo de encima le dé su aprobación y decir, ‘Oh, está perdonado’. La única persona que debiera [estar otorgando] perdón es Turing, y él no puede porque lo matamos. Y eso en verdad me enoja. Me enoja mucho“.

Cumberbatch, que claramente ha hecho su investigación, cree que la persecución de los homosexuales en el Reino Unido tiene sus raíces en el ‘Cambridge Five’, un grupo de hombres, algunos de ellos gays, en las más altas esferas de la sociedad, que habían sido reclutados como espías para Moscú. “Era nuestra forma de McCartismo“, dice. “Si eras intelectual, si eras gay, si tenías algún tipo de ideas liberales, inmediatamente eras una amenaza para la seguridad nacional“. La ironía es que Turing, quien tuvo la osadía de ser gay e intelectual, fue la última persona en verse a sí mismo como cualquier tipo de mártir. “Él no fue alguien que se puso a propósito en el camino de las cosas como forma de protesta – no era más que un gran modelo a seguir para cualquier persona que es diferente o se siente diferente,” dice Cumberbatch. “Y es trágico porque miras cada trayectoria en su vida y entiendes completamente por qué era diferente, por qué tartamudeaba, por qué era aislado en su trabajo. [También ves] por qué era un inútil con los hombres en cualquier tipo de relación – porque nunca había experimentado el amor que merecía. Y, sin embargo, dentro de eso, este hombre inventó la idea de mecanizar las matemáticas – una computadora. Conquistó, a través de la criptografía, el código Enigma, lo que significa que salvó millones de vidas, y, aún cuando su cuerpo se estaba transformando, estaba haciendo un trabajo sobre cómo el medio ambiente causa que cambien las estructuras celulares. Quiero decir, sólo Dios sabe, probablemente sería celebrado como alguien como Bill Gates. Sin la menor sombra de duda, se le celebraría como un tótem del mundo moderno”.

Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B / Abrigo de Tommy Hilfiger. Camisa de Brioni. Corbata de Topman.
Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B / Abrigo de Tommy Hilfiger. Camisa de Brioni. Corbata de Topman.

A pesar de que The Imitation Game es un drama de época, Cumberbatch está ansioso porque la historia de Turing permanezca viva como una parábola sobre el precio de la intolerancia. “No es una lección de historia – es una advertencia de que esto fácilmente podría pasar otra vez”, dice. “En este momento hay personas siendo decapitadas en otros países por sus creencias u orientación sexual. Es aterrador. Es medieval – ¡una decapitación! Me levantaría en armas contra alguien que me estuviera diciendo que crea en lo que ellos creen o de lo contrario me matan. Lucharía contra ellos. Lucharía a muerte. Y, creo, entre más viejo te haces, más debes tener una idea de lo que es correcto o incorrecto. No puedes tener intolerancia unilateral. Debes tener un punto donde dices, ‘Bien, el fundamentalismo religioso está mal’”.

Es cerca de esta etapa de nuestra conversación que una de las damas floreadas aprovecha su momento para acercarse a la mesa. “Disculpe, ¿podría alegrarle el día a mi hija y tomarse una foto conmigo?”, pregunta. Amable, pero firme, Cumberbatch rechaza la oferta.

No, no puedo, pero encantado de conocerla. ¿Cómo se llama?”. Derrotada, la dama se retira, y un gerente se acerca, ofreciendo interceder en caso de que ocurriera de nuevo. Cumberbatch lo rechaza. “Lo peor es cuando tienes perros guardianes, porque entonces simplemente se convierte en una extensión de ti”, explica. Recientemente en el Comic-Con en San Diego, donde estuvo para promover Penguins yThe Hobbit, estuvo atrapado en un momento semejante, después de que guardaespaldas bloquearon a la multitud mientras salía hacia un vehículo esperándolo. “La gente estaba siendo literalmente sacada a rastras de la calle [gritando], ‘sólo quería un autógrafo’. Es horrible. Y entonces me meto en la parte trasera de una camioneta, diciendo, ‘perdón’, y esa chica dice ‘sí, como quieras’, con lágrimas en los ojos. No puedo controlar a un agente de seguridad ex-militar que ha estado todo el día en eso, y sólo piensa que perderá su empleo si no golpea en la cara a una pobre adolescente para darme una pulgada más de espacio para respirar”.

En este punto de su carrera, la observación de que Cumberbatch ha hecho una especialidad de interpretar genios complicados – no sólo Turing, sino también Sherlock Holmes, Vincent van Gogh, Julian Assange, Stephen Hawking, y su próximo Hamlet – es una especie de cliché que se sacude con el mínimo indicio de irritación.

No es tan simplista como, ‘Oh, como que te gustan los genios‘”, dice. “Todos son personas muy, muy diferentes. Hay una singularidad en ellos a veces, un impulso y una obsesión, pero son completamente únicos, gracias a Dios. Van Gogh estaba afligido de maneras muy diferentes a Stephen Hawking y a Sherlock y a Turing“.

Lo que está claro es que lo que motiva a Cumberbatch son las raíces enredadas de la psicología, la biología y la biografía. ¿Qué hace que un personaje actúe como lo hace? Es por eso que él dice que no sólo quiere interpretar Hamlet – él necesita interpretarlo. Él es el estudio psicológico definitivo. Del mismo modo, su Turing es fascinante no porque sea fácil de entender, sino porque no lo es. Al igual que con Sherlock, llegamos a apreciarlo a pesar de sí mismo, y porque Cumberbatch hace explicable su estreñimiento emocional.

Nada en Cumberbatch sugiere la idea del galán de Hollywood, y nada en Sherlock corresponde a un seductor típico. ”Las personas se acercan a mí diciendo: ‘Oh, él es tan sexy, ¿usted cree que [Sherlock estaría] interesado en mí?’‘, dice Cumberbatch. ‘¿No crees que él te miraría dos veces y te diría todo lo que odias de ti misma, y pasaría por encima de ti como si fueras un pedacito de papel y te apartaría? Él es una máquina y es brutal y despiadado y no tiene tiempo para distraerse con tus adulaciones. Porque, sabes, ellas quieren transformar a John [Watson] en una especie de juguetito tierno, o a mí en un juguete tierno, o estamos teniendo sexo en el espacio en una cama, encadenados juntos”. Cumberbatch está refiriéndose a la voraz comunidad de ficciónslash que transformó a su Sherlock frío, amargo, y distintamente asexuado en un libidinoso de pene gigante. ”Es siempre así, tipo, uno de ellos está cansado, el otro llega del trabajo; o, el otro está excitado, una protuberancia aparece en su pantalón, y entonces le están dando”, dice él. ‘‘Usualmente soy yo el que la está recibiendo – yo estoy mordiendo las placas de identificación de Watson”. Quizá, sugiero, el hacer a Holmes y Watson gays es una forma de quitar a otras mujeres de la escena. “Sí, sí“, responde con entusiasmo. “Creo que es sobre la sexualidad que florece en la adolescencia, porque no necesariamente sabes cómo manejarla. Y creo que es una forma de neutralizar la amenaza, por lo que esta persona [Sherlock] de alguna manera está siendo eliminada como alguien que podría romper tu corazón”.

La sexualidad de adolescentes parece una transición adecuada hacia un tema obvio. Cuando era niño, Cumberbatch fue enviado a una escuela de varones, Brambletye en West Sussex, seguidos de cinco años en Harrow, un internado para varones e incubadora de ocho primeros ministros británicos. En el Reino Unido, este detalle lo fija de inmediato en la mente del público como un “niño bien”, una caracterización que es demasiado educado para estimar como la perezosa reducción que es, al tiempo que reconoce, no obstante, que Harrow fue bendecido con un teatro superior a muchos en Londres.

Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B / Cardigan de Louis Vuitton. Pantalones y camiseta de Burberry Prorsum.
Foto de Samuel Bradley tomada en el Barbican Conservatory, Londres, G.B / Cardigan de Louis Vuitton. Pantalones y camiseta de Burberry Prorsum.

Para Cumberbatch, el internado fue un lugar maravilloso para crecer “porque tienes esa experiencia completa de ser un niño“, dice. “No vas de un lado a otro todo el tiempo, y yo estaba muy, muy hambriento por compañía. Mi mamá y mi papá, pobres de ellos – yo solía pedir un hermano o hermana en cada Navidad y cumpleaños. Eso es todo lo que realmente quería cuando era niño, porque fui hijo único“.

En la tradición consagrada por el tiempo en una escuela sólo para varones, él se encontró interpretando protagonistas femeninas (como Titania en Sueño De Una Noche De Verano y a Rosalind en As You Like It), pero afirma haber sido ajeno a la clase de travesuras sexuales por las que son supuestamente notorios los internados ingleses. “Si bien hubo experimentación [en Brambletye], nunca se me ocurrió como “Oh, esto es eso”. Fue sólo niños y sus penes, de la misma manera con las niñas y las vaginas y pechos. No fue por el deseo“.

Él es menos generoso con respecto a la cultura en Harrow, que él caracteriza por tener, en ese entonces, “una tolerancia muy baja sobre la homosexualidad,” un hecho crudamente iluminado cuando dos muchachos fueron segregados públicamente en el comedor una mañana durante el desayuno. “Ellos habían sido descubiertos en su casa“, dice Cumberbatch, “y en esos días, si hubieras sido descubierto con una chica eras expulsado – no había vergüenza en eso. Pero si eras descubierto con otro chico, no eras [expulsado]. Tenías que sobrevivir todo el horrendo prejuicio que enfrentabas”.

Describe oír un alboroto en la calle una tarde. “Estos niños estaban persiguiendo a este pobre chico, y entraron en mi casa, sin aliento -un sij, un príncipe jordano, un hindú y un nigeriano. Les dije: ‘Alto, alto, alto, alto,’ porque todos llegaron corriendo por el pasillo, y yo dije: ‘¿Qué ha pasado?’ Y me dijeron, ‘Es repugnante, ¿no es así?’ Y yo dije, ‘No, su comportamiento es jodidamente asqueroso. ¿Cómo se sentirían si fueran perseguidos porque tienen un turbante, o si fueran perseguidos por el color de su piel, o si fueran perseguidos a causa de su religión? Se trata de ser un individuo. ¿No pueden tolerar eso? ¿Están mal de la cabeza?’ Y estaban como, ‘¿Qué? No. ¿Por qué, eres gay?’ Y yo dije, ‘No, pero puedo ver claramente que ustedes son unos peleoneros. Ustedes son seres humanos repugnantes.'”

Cumberbatch ve algo de ese mismo prejuicio en Hollywood hoy, un tema que ha discutido largamente con su amigo Zachary Quinto (los dos se conocieron en el rodaje de Star Trek Into Darkness). “Creo que si vas a venderte a ti mismo como actor principal en Hollywood”, dice, “el decir ‘soy gay’, por desgracia, sigue siendo un gran obstáculo. Todos sabemos que hay actores que son [gay] que no quieren hablar de ello o sacar el tema, o lo niegan. Yo no sé en realidad qué hacen para lidiar con ello“. Sesenta años después de la muerte de Turing, se asombra de que eso todavía debería ser un problema. “Los movimientos de derechos humanos y los movimientos por los derechos sexuales y de los homosexuales han hecho un enorme progreso social en los últimos 40 años, sin duda, pero hay mucho más trabajo por hacer”, dice. “Creo que es extraordinario que cada vez que llegamos a un punto en el que hay algún tipo de problema en la sociedad, la gente se vuelve chivo expiatorio muy, muy, muy rápidamente.”

Cumberbatch puede hablar así – con pasión, pensativo – durante mucho tiempo. A pesar de que siempre disfrutó de la actuación, dice que jugueteó un rato con ser un abogado – “simplemente de pie en un tribunal de justicia, sosteniendo un argumento” – y puede verse por qué. Es esa misma calidad de interrogatorio e investigación que lo convierten en el actor convincente, y que debe traer profundidad y sustancia a su Hamlet. Como él mismo dice, Hamlet es todo acerca del abordaje directo – “decirle a la audiencia lo que él va a hacer, por qué tiene dificultades para hacer lo que está haciendo, qué está sintiendo acerca de lo que está o no haciendo, lo que siente por la vida”. El que la audiencia de Cumberbatch será atraída para ver su actuación principalmente porque lo conocen como Sherlock simplemente despierta más su apetito. “El trabajo es lo que más me motiva, no los subproductos”, dice. “En general, los ignoro.”

Colaboración: Ana Boa Morte, Dulce C y Tere T.

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