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GQ100La revista GQ en el Reino Unido publicó uno de los mejores reportajes sobre Benedict Cumberbatch que se han escrito. De la pluma del Stuart McGurk, Editor Senior de la revista, quién también ha colaborado con periódicos como The Guardian, The Times, The Sunday Times, The Independent y the Telegraph, el texto se publicó en la edición de enero del 2014, con Cumberbatch en la portada. 

Traducido por Dulce C, Lu V y Tere T. Pueden encontrar el texto original aquí.  

 

Las muchas vidas de Benedict Cumberbatch

Una nueva temporada de Sherlock, tres nuevas películas y el mundo en sus hombros. El hombre que engaña a la muerte más veces que su famoso alter ego, sólo está empezando…

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HOJA 1Dependiendo de tu punto de vista, Benedict Cumberbatch casi ha muerto en cinco diferentes ocasiones. La primera (hipotermia) ocurrió cuando era un bebé. La segunda (explosión de una bomba), cuando era estudiante. La tercera (deshidratación e inanición) cuando estaba de año sabático. La cuarta, lo vio al convertirse en rehén, atado, metido en la cajuela de un auto, conducido a una locación desconocida, forzado a arrodillarse en el suelo con el frío cañón de un arma apuntando a la parte posterior de su cabeza. Nunca escuchó el disparo de una bala, pero entonces, por supuesto, nunca lo habría hecho.

Para este punto, él era un actor. Pero nada de lo anterior es ficción.

Aun así, cuando la gente piensa en Benedict Cumberbatch, es probable que la única experiencia cercana a la muerte que se les viene a la cabeza es la quinta, la única que no sucedió realmente -al menos no a Cumberbatch. Es la que sucede al final de la segunda temporada de Sherlock, cuando el actor de 37 años, quien será visto en no menos de tres películas de Hollywood en los siguientes dos meses, cae del techo del hospital St Bartholomew, con su característico abrigo Belstaff ondeando al viento, y aparentemente se desploma hacia su muerte- sólo que, por supuesto, para ver que la ha engañando.

Habla con la mayoría de las personas -sus amigos, sus co-estrellas, sus directores, tu vecino de al lado- y te dirán que fue el papel de Sherlock el que cambió su vida, el que lo transformó de un respetado actor a una celebridad local, y de ahí, a estrella internacional. Lo cual es innegablemente cierto.

Pero habla con Cumberbatch en persona y él te dirá que también hay una razón más profunda para eso – para la carrera que, a pesar del éxito comercial que llega a sus treinta, no ha visto en ningún momento la tranquilidad, un receso o una baja en el ritmo de ningún tipo; una especie de carrera sin pausa que incluye 14 producciones teatrales, 17 papeles en televisión, 30 películas y, en verdad, sólo está empezando.

Hay tres películas en las que participa este invierno – como un amable esclavista en la favorita de los Óscar 12 years a Slave; como el temible dragón Smaug en la superproducción The Hobbit: The Desolation of Smaug; como un desempleado antagónico a Meryl Streep en August: Osage County;- viene de un verano en el cual opacó a la tripulación del Enterprise como el super-villano Khan en Star Trek Into Darkness y dio una inusual actuación como Julian Assange en The Fifith Estate. Y luego está la nueva temporada de Sherlock que inicia el siguiente mes, la película biográfica del descifrador de códigos Alan Turing en The Imitation Game, que está actualmente filmando; Hamlet en el teatro y después de eso, la ligera esperanza del reboot (reinicio) de Star Wars dirigido por J.J. Abrams, (“Existe la posibilidad, por supuesto que la hay. J.J. sabe lo mucho que me encantaría ser parte del eso”).

Como su buen amigo Matthew Goode, co-estrella en The Imitation Game, dice: “Lo recuerdo viniendo a nuestra casa después de terminar algo en el National Theatre y otra película. Mi esposa dijo, ‘¿Cómo estás Ben?’ y el respondió, ‘Sí, mmmhh, estoy bien, me refiero… estoy desempleado por el momento’. ¡Él había estado desempleado por dos días!”.

Después de recordar la tercera vez que casi muere, Cumberbatch me diría: “Estos eventos sísmicos te dan perspectiva de la mortalidad, de lo sagrado que es… darse cuenta de no sufrir por las cosas pequeñas. Y sólo disfrutar el viaje de estar vivo”.

Poniéndolo de otra manera: Benedict Cumberbatch puede ser una de las pocas personas a quienes su estrés post-traumático le ha convertido en una superestrella. La verdad -como siempre es con la vida, por lo menos con Cumberbatch- es un poco más complicada.

Su primer recuerdo es estar mirando al cielo. Sus padres-ambos actores- vivían en un departamento en un último piso en Kensington, Londres (“comprado en los setentas por algo así como 3,000 libras”) y cuando Benedict lloraba, ellos los subían al techo en su cochecito y le señalaban el cielo. Luego, él se quedaba quieto. Sonreía. Y frecuentemente, se dormía. Él aún recuerda lo maravillado que esto le hacía sentir: “Una visión del cielo”.

Su primera palabra fue helicóptero. “Eran las cosas más grandes en el cielo”.

Es por esta época que engañó a la muerte por primera vez. Su media hermana Tracy, del primer matrimonio de su mamá, estaba cuidándolo a mitad del invierno. Ella dejó a un lloroso Benedict en el techo para calmarlo por un momento o dos.

“Luego”, dice Cumberbatch riendo, “¡Ella se olvidó de mí! Es decir, fue chistoso. Estaba en la cocina con sus amigos y de repente vio nieve cayendo por la ventana…”

Cuando ella corrió escaleras arriba, encontró a un sereno Benedict, castañeando los dientes, pero sonriendo, aún en asombro. Tuvo que ser descongelado cerca de un radiador antes de que sus padres regresaran a casa. (“Me había puesto azul”).

Aún así, recuerda su niñez como idílica. A pesar de que, a los ocho años, fue enviado al internado.

“Era hijo único, pero era muy sociable. Prosperé; unos cinco años maravillosos. Pero sí, ocho años parece muy doloroso. No sé si yo podría hacerlo con un niño de ocho años”.

Empezó a actuar muy temprano. En la pastorela de la escuela, recuerda haber interpretado a José y empujar a María fuera del escenario porque había olvidado sus diálogos. “Fue muy poco caballeroso”.

Tener confianza nunca fue un problema. Tampoco lo fue creer en su habilidad. Para cuando fue a Harrow, lo escogieron para casi todos los papeles protagónicos, incluyendo, como sucedía en una escuela sólo para varones, Rosalind en As you Like It, y desde ahí ya no dudó que la actuación era para él.

“Creo, involucrándome en esto, que siempre tuve fe en mi talento. Tienes que tenerlo”.

Fue al final de su tiempo en Harrow que Cumberbatch tuvo un encuentro con la muerte una segunda vez. Estaba en casa estudiando para sus exámenes, cuando de pronto todo el departamento se estremeció, una nube de polvo lo envolvió, sus oídos zumbaron. “Pensé ¡C*****! Atravesé corriendo el departamento. Mi mamá y mi papá estaban diciendo, ‘¿Estás bien? ¿Estás bien?’ Dije que no, no podía escuchar de un oído”.

Fue el ataque a la embajada israelí en 1994, un auto cargado con 30 lb [13.6 kg aprox.] de explosivos. Cumberbatch recuerda un sonido ensordecedor, luego un sonido schrrllllllllschrllllllll- Era el sonido de vidrio cayendo a la tierra.

Cuando fue a la universidad de Manchester a estudiar teatro, se divirtió en serio – chicas, bebida, clubes. ¿Pastillas? “Era un estudiante en Manchester”, dice riendo, a manera de respuesta. “Pero, mmmhhh, me apego a la Quinta [Enmienda]. Pronto se excedió: “Me enferme muchísimo en mi primer año. Me dio fiebre glandular. Tuve que calmarme un poco. Era mi cuerpo diciendo: ¿qué diablos pasa?”

Después de graduarse, decidió tomar un año sabático enseñando inglés en el Tibet. Y ahí fue donde tuvo su tercer encuentro cercano con la muerte. Se perdió mientras escalaba con unos amigos. Armados sólo con una galleta y un pedazo de queso para los cuatro, recuerda caminar a través de salientes de roca cubiertos de nieve y pasar ríos casi congelados, “casi rompiéndonos el cuello”, picando excrementos de yak con la esperanza de que estuvieran tibios, “para ver qué tan lejos podríamos estar de algún tipo de civilización”.

HOJA 2Recuerda pasar, al fin, a través de una línea de árboles, cayendo de rodillas cerca de la casa de un pastor Sherpa y “hacer el gesto universal de mano-boca pidiendo comida”. Recuerda recibir un plato de espinaca y carne y la disentería que le dio justo después de comerlo. Él la recuerda como la mejor comida que jamás haya tenido.

Pero fue la cuarta de sus “casi cerca” cuando realmente pensó que iba a morir.

Entrevistar a Benedict Cumberbatch es como ser un matador, pero uno que trata de influir en la dirección de un tren.

Nos encontramos en un pub al final de la calle de Cumberbatch en Hampstead, al norte de Londres, justo abajo de The Heath, donde es propietario de los dos últimos pisos de una casa victoriana. Está usando jeans azul oscuro y una playera blanca, abrigo morado y una gorra gris que se quita para revelar un cabello corto y bien peinado, que va de izquierda a derecha.

No es que sea grosero, entiéndase, él es infaliblemente educado, gracioso, generoso con su tiempo y una maravillosa compañía. Es simplemente que cuando inicia una frase, te quedas atrapado en el párrafo, y si tratas de intervenir, frecuentemente continuará hablando mientras tú hablas.

Como Goode, quien ha conocido a Cumberbatch por más de una década, me dijo hace unos días antes de esta entrevista: “Él da su tiempo y sus pensamientos, pero le gusta seguir un punto hasta el final. Pero yo amo eso. Y probablemente mantiene su actuación en un buen lugar -es capaz de ir del punto A al punto B y terminar con extrema claridad”.

Pienso que también se debe a la sensación que tiene de que la prensa lo tergiversa y es que sólo dando la línea exacta, su posición exacta, sin distracción, él espera no ser malinterpretado.

En parte, quizás, eso deriva de la “polémica” que causó en los tabloides en agosto pasado cuando le dijo al Radio Times que se sentía “castigado” por su entorno privilegiado.

“Todo el hostigamiento por la riqueza que esto conlleva”, dijo. “Es tan predecible, tan doméstico, tan tonto”. Dio pie a más castigo.

Que quede asentado, esto es lo que Cumberbatch tiene que decir de su posición social: “Soy un chico de clase media-alta. Sé que eso cuenta como rico, pero conozco gente que yo llamaría rica, y yo no hablo como ellos”.

Y no, él no se irá pronto a los Estados Unidos.

Éste no ha sido en único encuentro que Cumberbatch ha tenido con la prensa. De hecho, su archivo está lleno de ocasionales encuentros con entrevistadores. Incluso una reciente historia de portada en The Hollywood Reporter -que lo proclamó como el protagonista principal de “La Nueva Lista A” [The New A-List]– fue extraña, comenzando con la frase: “He estado 45 minutos en una entrevista con Benedict Cumberbatch y francamente, no está saliendo bien”.

Una entrevista reciente con The Guardian para promover The Fifth Estate, terminó con Cumberbatch sintiendo que lo habían sacado de contexto respecto al encarcelamiento de Chelsea (antes Bradley) Manning, y pidió que se diera una aclaración en una publicación en línea (se hizo) y que se publicara la transcripción en cuestión.

“Fue muy irresponsable de su parte hacer eso”, dice él. “Es como ¿qué vas a ganar con mi opiniones? ¡Oh! ya veo, vas a convertirlo en algo que me haga sonar como un niñote de escuela que piensa que las personas que rompen las reglas deben ser castigadas”.

Probablemente no es coincidencia que esto, también, giró alrededor de una velada referencia a su clase social.

Hablamos intermitentemente acerca de sus verdaderos sentimientos sobre política, informantes y terrorismo en gran detalle, que podría ser incluido en un perfil de esta extensión, pero suficiente con decir que su posición, como la de la mayoría de la gente, no es blanca ni negra. Él entiende la realidad de los informantes y por qué los gobiernos buscan castigarlos. Pero es un liberal de corazón y no le gustaría que Manning fuera castigado. No es un experto en seguridad, pero entiende el complejo balance entre libertades civiles y proteger a la población. Le digo que es una posición realmente razonable y balanceada que tomar, y que comparto.

“Y aun así, en el momento en que haces eso, eres acusado de sentarte en la valla”, dice.

Mientras filmaba la tercera temporada de Sherlock, Cumberbatch mostró un pedazo de papel a los paparazis que rondaban la grabación: “Vayan a fotografiar Egipto y muéstrenle al mundo algo importante”. Luego, más tarde, un texto de cuatro páginas que él había escrito acerca de las libertades civiles y el intento del gobierno por silenciar al periódico The Guardian. Aun así, fue The Guardian nuevamente -esta vez vía Marina Hyde- quien mencionaría de nuevo su clase social, en un encabezado que decía, “La misión vital de Benedict Cumberbatch para educar a las masas”.

“Estaba muy sorprendido con lo que estaba pasando”, me dice. “Así que pensé que si esta cultura está tan obsesionada conmigo, puedo usarlo para hacer preguntas. No estaba tratando de aplastar a la cultura popular. No subestimo la necesidad de la gente que sólo quiere ver tomas de Sherlock”.

Suspira. “Supongo que ese es mi más cercano coqueteo con los medios sociales, y si soy mal interpretado en los medios impresos, o si la percepción sobre mi es editada en la prensa, entonces es claro: Sostengo las palabras”.

En cuanto al artículo: “The Guardian realmente tiene su pastel y se lo come. Sus oficinas están siendo allanadas por esos discos duros y encuentro extraordinario que ellos sigan la corriente”.

Benedict Cumberbatch se preocupa. Le sugiero, de hecho, que se preocupa demasiado.

“Lo sé. Y estoy mejorando en eso. Recuerdo que algo sucedió durante la filmación de Sherlock y alguien dijo, ‘Eres muy susceptible’. Y yo estaba como ‘Lo hice de nuevo. Lo hice de nuevo, c*****’. Es decir, sí soy muy susceptible cuando algo se dice a costa mía. Pero estoy aprendiendo. Arrepentimiento es una palabra muy grande, pero estoy aprendiendo”.

Y aun así, hay un claro y maravilloso giro de toda su preocupación, que es el increíble entusiasmo. Por mucho que aparentemente se preocupa por todo, está emocionado y entusiasmado por todo lo demás.

Está emocionado por el café que ordenamos (el barman recibe un larga explicación sobre lo que es exactamente un “flat white“); por cómo funciona esta revista; por nadar alocadamente en Hampstead Heath; por las hamburguesas que pedimos; incluso mientras nos vamos del pub -él caminando hacia su casa y yo a desencadenar mi motocicleta (él reconoce la hechura de la montura, el nerd de la motocicletas en mí, está impresionado).

Viendo todos estos entusiasmos – y estos son sólo los menores, los inesperados- no puedo evitar pensar dos cosas.

La primera, lo que le sigue a su inmenso entusiasmo es su ingenuidad, y entiendo por qué su co-estrella en Sherlock, Martin Freeman dice que es fácil de “engañar”. (“Él es dulce y generoso en una manera casi infantil. Podría aprovecharme de él jugando cartas”), o cómo Simon Pegg convenció a Cumberbatch de que necesitaba usar una crema facial especial para protegerlo de la radiación, mientras filmaban StarTrek Into Darkness, en una instalación nuclear; él obedeció e incluso estaba convencido de que por eso seguía olvidando sus líneas. (“Chicos, lo siento”, dijo. “Tengo un enorme dolor de cabeza. Creo que los iones me están afectando”).

Pero sobre todo, me siento, comparado con Cumberbatch, como alguien que ha pasado la existencia con el botón de contraste apagado. Para él, todo es neón brillante. Las púas pueden picar mucho más agudo, pero su sol debe resplandecer con aún mucho más brillo.

Página 3No es difícil imaginar cómo su sensibilidad -tanto buena como mala- le ayuda a su actuación. Él siente más, nota más, oye más. Está en su naturaleza -es un diapasón humano. Cuando era niño, dice, solía llevar un dictáfono a cualquier lado, grabando cualquier cosa que le interesara, haciendo voces, practicando sonidos. No duró mucho, pero sólo porque él se volvió el dictáfono. Por cada persona que él cita durante las tres horas que pasamos juntos, no puede evitar hacer una imitación perfecta de ellos, cuerpo, voz y todo. Es asombroso, sobre todo porque esta lista del reparto incluye a Madonna (“Ella dice: ‘Tú eres el del nombre extraño’. Yo digo: ‘Sí, yo soy – Madonna'”), Meryl Streep (“Ella sólo dijo: ‘Bueno, yo amo lo que haces'”) y Ted Danson (“Fue en la fiesta antes del Óscar y él empezó a gritar por todo el salón lleno de gente, ‘¡Oh, Dios mío! ¡C*****! ¡Es Sherlock! ¡Tú eres Sherlock! ¡Oh Dios!'”). Ocasionalmente me siento como si estuviera viendo el mejor show del mundo de una sola personal [one-man show].

En el show de Graham Norton, imitó a Chewbacca de Star Wars. Harrison Ford, sentado a su lado, casi salta de su asiento. “Él tiene un oído admirable”, dice Steven Moffat, co-creador de Sherlock. “Puede captar a las personas muy rápido. Puede imitarme a mí. Puede imitarte a ti. Cuando se metió en problemas hace un tiempo por decir que estaba encasillado como rico – él puede hacerlo todo, eso es lo que quiso decir. Y aún así sigue siendo encasillado porque, seamos sinceros, es el hijo de Timothy Carlton -un niño rico“.

Cuando Cumberbatch apareció recientemente en la portada de la revista Time (“Un honor increíble“), el cintillo decía: “Interpretando Genialidad”. Es un cliché -interpretar hombres ligeramente raros, pero frecuentemente brillantes- que se le ha pegado al paso de los años, desde su impresionante y exitoso papel a sus veintitantos años como Stephen Hawking en una película biográfica para la televisión. Y es un [cliché] que sólo se ha solidificado al interpretar a gente como Vincent Van Gogh (otra película biográfica para la TV), Assange, Sherlock, Khan, y su próximo papel como Turing. Esto a pesar de roles tan variados como un negociador de rehenes en Four Lions, un comandante en War Horse de Spielberg, un violador en Atonement y un espía gay en Tinker Tailor Soldier Spy.

Mira, sé que todo lo que hago ahora tendrá sabores de Sherlock. Todos quieren esos oscuros, complicados anti héroes, y claro que los interpreto. Pero también interpreto a Charles en August: Osage County, a Ford en 12 Years a Slave y a Alexander en Stuart: A Life Backwards. Él (Alexander) es como un libro abierto; aunque sea un hombre listo, la complejidad gira en torno a Stuart (un indigente interpretado por Tom Hardy). Alexander es un hombre cualquiera; no es un superdetective, ni anda descifrando códigos, o decodificando algoritmos. Yo le combino“.

La verdad, creo, que puedes ver en todos los mejores roles de Cumberbatch, que no es en realidad que él pueda interpretar genialidad o aún inteligencia a la perfección (uno de los trabajos más escurridizos para un actor dramático; tratar de “actuar” inteligencia es un poco como tratar de fingir estar tranquilo -no funciona cuando es forzado). La cosa que los une, desde Frankenstein en el escenario y Alexander en Stuart: A Life Backwards, a Sherlock, es algo más fundamental: una capacidad de asombro.

El día que me encontré con Cumberbatch es el lunes siguiente al estreno en los Estados Unidos de The Fifth Estate, y la película ha fracasado. De un presupuesto estimado de 30 millones de dólares (19 millones de libras esterlinas), sólo recaudó 1.7 millones de dólares (1.1 millones de libras esterlinas) en 1,769 salas de cines en todo el país, conviertiéndolo en el peor fin de semana de estreno de las grandes películas lanzadas en 2013.

Bueno, siempre pensé que Disney y Dreamworks eran extraños aliados para un tema tan especializado, en verdad. El paralelo es The Social Network, pero todos usan Facebook; no todos están al tanto de Wikileaks”, dice Cumberbatch y añade: “Ésta nunca iba a ser una película de multicinemas y palomitas“.

La ganancia en taquilla -ahora él está en el mercado para interpretar protagónicos- es aparentemente una cosa más de la que tiene que preocuparse. Esa mañana, Variety publicó una nota titulada “¿El fracaso de The Fifth Estate daña a Benedict Cumberbatch como protagonista?”

Se me resbala“, dice. “Sólo estoy agradecido de que me haya posicionado como alguien que es capaz de hacer esa clase de papeles. Y si la película es éxito de taquilla o no, la respuesta sobre mi interpretación (como Assange) me ha hecho enormes favores. Sabes, es el primer papel protagónico que tengo y ha causado toda esta atención”.

Pero, ¿ha arruinado sus posibilidades para un Oscar?

Creo que sí. Pero en realidad nunca lo esperé”. En realidad tampoco esperó el superestrellato en la televisión, pero eso no significa que no lo haya obtenido. A pesar de que se transmitió en verano, a pesar de que se adelantó al horario programado, a pesar de mínima publicidad, el primer episodio de Sherlock, en julio de 2010, logró 10 millones de tele-espectadores. Cumberbatch no fue una estrella de la noche a la mañana: lo fue al cabo de 90 minutos.

Encajaba perfectamente -el pináculo de los brillantes solitarios atormentados, de los cuales él había hecho una especialidad; un papel del que se aprovecharía, como dice el co-creador Mark Gatiss, el hecho de que “en una cierta luz, su cara es muy extraña. Y luego en otra, es emblemáticamente guapo“.

Detalles sobre la tercera temporada se mantienen en estricto secreto, pero Cumberbatch me dice todo esto: habrá un reencuentro, una explicación (de cómo engañó a la muerte), un matrimonio, un discurso y un nuevo villano “que es lo opuesto al mistico Moriarty, que es dolorosamente real y posible, eso es lo escalofriante“. Habrá otro final de suspenso (“Eso te hace decir ‘¿qué car***?‘”), monólogos de deducción menos extensos (“Quizá la gente no los extrañará; aunque dicho esto, el episodio dos es casi un monólogo entero“), y un nuevo corte de pelo. Bueno, en realidad…

He dicho por un buen rato que me gustaría tener otro corte. Me gusta mucho tener el cabello corto. Ya sabes, nos hemos ausentado por dos años, vamos a ******* un poco con esta vestimenta, vamos a ******* con este corte, hagamos algo diferente“.

¿Se le permitió hacer eso? “No, en realidad no“.

Y aun así, por difícil que sea imaginar ahora -con el ejército de admiradoras “Cumberb*****” que se mencionan en cada semblanza de Cumberbatch, y por tanto debidamente mencionadas aquí-, la BBC por poco lo rechaza pues dijeron que no era suficientemente atractivo.

Le decíamos a la BBC, les vamos a dar un Sherlock Holmes sexy“, dice Moffat. “Y recuerdo a la BBC diciendo Hmm, ¿en verdad? No pensamos que lo sea’. Y ahora es el hombre más sexy del mundo.

Eso genera la pregunta: ¿su ejército de devotas seguidoras quieren acostarse con Sherlock o con Cumberbatch?

Supongo que es como solía decir Rita Hayworth“, dice Gatiss, “‘El problema es que se van a la cama con Gilda, pero despiertan conmigo‘”.

Matthew Goode tiene una opinión diferente cuando le insinúo que debe ser difícil para Cumberbatch diferenciar cuando se trata de mujeres. “Ja, ja, ya sabes, ¡estamos hablando de un hombre! Mira, él no es tan viejo, pero está llegando al final de los treintas, así que está buscando (una compañera a largo plazo). Pero si debe tener unas cuantas conquistas para llegar a la correcta, estoy seguro que tampoco le molestará. Estoy seguro que lo mejor de lo mejor vendrá hacia él. Se la va a pasar bien“.

En cuanto al mismo Cumberbatch, simplemente dice esto: “Es más difícil (conocer mujeres), porque la gente piensa que sabe más de ti de lo que en realidad saben. Y no puedes controlar eso. No puedes controlar las percepciones sobre ti“.

No importa cuánto, al parecer, él lo intenta.

Esto es lo que Cumberbatch puede recordar de la vez que casi muere en Sudáfrica, mientras estaba filmando la mini serie To The Ends Of The Earth en 2004.

hoja 44Está con sus coestrellas Denise Black y Theo Landey. Están regresando de un idílico fin de semana de buceo en el distrito de Kwa Zulu-Natal, al norte de Durban. Es de noche. Van manejando por una carretera cerca de la frontera con Mozambique. Cumberbatch enciende un cigarro de mariguana y está escuchando a Radiohead en el estéreo -“How To Disappear Completely“-, y reflexionando sobre lo dichosamente afortunado que es. La llanta derecha se revienta forzándolos a desviarse hacia la cuneta. Los camiones pasan estrepitosamente. Cuando comienzan a quitar la llanta y la reemplazan con la de refacción, seis hombres armados emergen de los arbustos. Cumberbatch y sus amigos son cacheados, les piden dinero, drogas y armas. Sus manos están atadas con sus propias agujetas y se los llevan en coche. Fuera del camino, es todo lo que él sabe.

Cumberbatch está atado contra el parabrisas, sentado en el regazo de Black en el asiento delantero del pasajero, incómodamente doblado, su espalda y cabeza golpeando el cristal cuando pasan por baches. Recuerda un momento surrealista cuando su trasero golpea el auto estéreo, enciendiéndolo, y de repente Thom Yorke está tocando la banda sonora de su suplicio: “No estoy aquí“, canta. “Esto no está sucediendo…” Él está algo incómodo, así que se detienen y deciden ponerlo en la cajuela.

Recuerda un hilillo de sangre corriéndole por la cabeza. Recuerda haber sufrido fuertes calambres y pensar que iba a desmayarse. Recuerda haber pensado que si no iban a matarlo, podrían tomarlo como rehén. Esto lo consuela levemente. Se imagina dónde lo guardarían. ¿Sería como en la televisión, una especie de bodega al estilo de Silent Witness bajo los arcos? Pero no hay arcos. Están llevándolos hacia la jungla.

De repente se detienen. Recuerda haber sido sacado de la cajuela y forzado a agacharse en posición de ejecución. Recuerda el edredón que le pusieron sobre la cabeza, para silenciar el disparo. Recuerda haber pensado: “No importa cuán amado seas en esta vida, morirás solo“.

Recuerda haber tratado de razonar con ellos, diciendo que matarlo no sería una buena idea, que no quieren a un inglés muerto en sus manos. Después de un tiempo indeterminado, que pudieron haber sido sólo unos minutos pero que se sintieron como horas, se da cuenta que sus secuestradores se han ido.

Los tres corren hacia la única luz que pueden ver, y después de unos diez minutos corriendo aturdidos, se encuentran con unas mujeres operando una carreta fuera de un estacionamiento. Recuerda las manos negras que lo desatan. La gratitud pura que siente. Y recuerda a las mujeres llorando por lo que les han hecho sus compatriotas. Lloran la misma frase una y otra vez. De vergüenza, ellas lloran. De vergüenza. De vergüenza…

Recuerda, entonces, que él también comenzó a llorar. Y recuerda que no podía parar.

Algo de su espantoso encuentro, con partes variadas y con detalles variados, lo ha relatado anteriormente. De lo que no ha hablado es de los efectos secundarios. Despertó al día siguiente, recuerda, y fue al balcón de la casa donde se hospedaron, que miraba hacia el mar.

“Y sentí el calor en mi rostro y miré al otro lado y pensé: ‘Quiero nadar en ese mar. Quiero atravesar esa duna, quiero estar con esa gente que puedo ver jugando. Cada átomo de mí quiere ser parte de eso. Porque estoy vivo‘”.

Vio a un terapeuta, quien le dijo, “Quizá [debas] escribir esto, hablar con la gente sobre esto y hacer algo de ejercicio: sé parte de tu panorama”.

Fiel a su naturaleza hiperactiva, Cumberbatch ya ha hecho las tres cosas: ha escrito cuatro páginas detallando la experiencia mientras esperaba por la policía a un lado del camino, hizo paracaidismo en los días que siguieron, regresó a trabajar y habló con todo el mundo acerca del suceso. “Ya he hecho toda mi lista“, dice. “Fue algo intuitivo“.

Luego de que sus padres volaron la semana siguiente para verlo, él inclusive volvió al lugar. “Ellos dijeron, ‘¿Estás seguro de que quieres hacerlo? Y yo dije que sí. No puedes imaginar todos los pequeños detalles que regresaron a mí. Hasta los insectos“.

El único trauma que identificó ocurrió algunas semanas después, mientras regresaba a filmar To The Ends Of The Earth’s. Estaban grabando debajo de la cubierta del barco en una sección techada del muelle. Cumberbatch salió para tomar aire y para fumar, sólo para ver que ya habían empezado a cerrar la entrada principal.

Vi que estaban bloqueando la luz del día y dije Mire, ¿Puede dejar de hacer eso?’. Siguió cerrándose y yo pensaba, ‘¡Por favor, déjela abierta!´”.

Entró en pánico y corrió hacia afuera. “Estrellé mi puño tres o cuatro veces contra la pared de ladrillos“. Tiene lágrimas en los ojos en este momento, mientras recuerda. Había recordado la cajuela del auto. “Era el enojo de recordar el miedo y hacia donde había ido en mi imaginación. Y recuerdo haber pensado: ‘No dejes que eso [el secuestro] sea el legado de esto [la filmación]“.

Nos mantenemos en contacto después de la entrevista. Él me llama al siguiente día para platicar, diciendo que ya había hablado con Denisse Black de Sudáfrica y lo mucho que la extraña. Lo vi en televisión, dando una notable actuación en Rosencrantz And Guildenstern Are Dead para la celebración del 50 aniversario del National Theatre. Nos mandamos mensajes brevemente. Me pregunto qué tanto de quien él es –su increíble sensibilidad hacia el mundo, lo que parece impulsar todo- es simplemente su naturaleza; y qué tanto lo han formado sus extraordinarias experiencias.

Me envía una larga explicación acerca de cómo esas experiencias lo han influenciado, antes de decir: “¡Estoy empezando a sonar como un libro de auto ayuda de estimulantes frases cortas, lleno de la sabiduría de las galletas de la fortuna!“.

Pero entonces, justo cuando me pregunto si hay una respuesta, si algo sencillo puede describir algo tan complejo, él me envía un mensaje de una línea que puede parecer nada profundo o especialmente elaborado, o como una lección de vida de cualquier tipo, pero para mí, se siente tan verdadera que es casi de color neón brillante,

Es solo una línea. Simplemente dice: “Tienes que experimentar estas cosas tú mismo“.

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