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A continuación un muy buen artículo del sitió alemán Spiegel Online sobre Parade’s End (El Final del Desfile), traducido por Lu. V.  CONTIENE SPOILERS

El último superhombre, por Hannah Pilarczyk

¿Amar o sufrir? En la brillante serie británica “Parade’s End”, la estrella de “Sherlock” Benedict Cumberbatch interpreta a un aristócrata que en la víspera de la Primera Guerra Mundial, ya no sabe si debe seguir su buen juicio o su corazón.

Londres, 1908: Con lápiz afilado añade Christopher Tietjens (Benedict Cumberbatch) notas al calce de su libro, mientras su esposa Sylvia (Rebecca Hall) lo ataca con cada vez mayor fiereza. Ya no soporta su obstinada calma, su distanciamiento emocional. La madre de Sylvia está también presente, y para convencerla de lo insoportable de su matrimonio, Sylvia grita al final de sus lamentos: “¿Sabes lo que está haciendo? ¡Está corrigiendo la Enciclopedia Británica!”.

Un hombre que sabe más que la obra de consulta más importante del mundo: con el brillante actuario Christopher Tietjens redondea Benedict Cumberbatch la trilogía de los superhombres menos probables. En el 2010, su arrogante-genial “Sherlock” Holmes de la modernizada versión de la BBC lo convirtió en estrella, y de momento cautiva al público como el superhombre destructor John Harrison en el cine con “Star Trek: En la Oscuridad”. Ahora interpreta con Tietjens de nuevo a un carismático solitario, de quien nunca se sabe si ha perdido el contacto con el presente – o si más bien viene del futuro.

Christopher Tietjens (Benedict Cumberbatch) es propiamente un actuario al servicio del gobierno británico. Pero al estallar la Primera Guerra Mundial, se alista voluntariamente en el ejército. (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

Christopher Tietjens (Benedict Cumberbatch) es propiamente un actuario al servicio del gobierno británico. Pero al estallar la Primera Guerra Mundial, se alista voluntariamente en el ejército. (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

Una sola vez se entregó Tietjens a la pasión del momento. Ayudó a su bella compañera de cabina en el tren, Sylvia, a quitarse el abrigo, y de paso se dejó montar por ella durante el trayecto. ¿Pero será suyo el bebé del cual queda embarazada poco después? Para Tietjens no es cuestión de hechos, sino de decoro: se casa con Sylvia, a pesar de que su adinerada familia está en contra, y aunque nunca pueda estar seguro de los sentimientos de ella hacia él.

Tietjens está casado con la bella Sylvia (Rebecca Hall), pero su matrimonio está en serios problemas. (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

Tietjens está casado con la bella Sylvia (Rebecca Hall), pero su matrimonio está en serios problemas. (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

¿Decencia o felicidad en el amor?

Lo que le sigue es una cadena de humillaciones públicas. Sylvia escapa con un bien parecido, pero insípido oficial a Francia. Cuando, aburrida de las infidelidades, regresa con Tietjens, él se desquita de manera no menos despiadada: en lo sucesivo la tolera a su lado, pero ignora sus avances amorosos y no concede oídos a sus palabras.

Sin embargo, no sólo lo hace porque sus sentimientos hayan sido lastimados – se siente atraído por la joven sufragista Valentine (Adelaide Clement). Y aún cuando no quiere ceder ante sus impulsos una segunda vez, se siente tan fascinado por la intrepidez y la curiosidad intelectual de la joven, que tiene que ser honesto consigo mismo: la decencia y la felicidad en el amor estorban terriblemente. Como huyendo de las necesidades de su corazón, Tietjens se precipita a enlistarse en el ejército. A fin de cuentas, se le pide en el Ministerio de Estadística enderezar los números para que se ajusten a la estrategia de guerra del gobierno británico. Él prefiere luchar con medios más ruidosos por su patria a cometer un delito contra algo tan sagrado como lo son las cifras correctas.

En Tietjens tiene que ver con el hecho de que lo entusiasma su relación con la joven sufragista Valentine (Adelaide Clemens).  Al contrario de su hedonista esposa, (Valentine) lo fascina con su dedicación y su resolución. Sin embargo, Tietjens se reprime y se resiste a tener una aventura.  (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

En Tietjens tiene que ver con el hecho de que lo entusiasma su relación con la joven sufragista Valentine (Adelaide Clemens). Al contrario de su hedonista esposa, (Valentine) lo fascina con su dedicación y su resolución. Sin embargo, Tietjens se reprime y se resiste a tener una aventura. (Mammoth Screen Limited/ BBC/ Arte)

“El último caballero” fue el título secundario que concedió el canal Arte a la miniserie de BBC/HBO, basada en las novelas de Ford Madox Ford. Y efectivamente se encuentra el indeciso Tietjens en el centro de los seis capítulos. Pero el título original “Parade’s End” remite a algo más: al estallar la Primera Guerra Mundial se derrumba todo un sistema de valores. Las grietas en el Imperio Británico ya no se pueden arreglar, el militarismo y la aristocracia ya no pueden sostener moralmente al reino. Los desfiles, símbolos de disciplina y unanimidad, se suspenden para siempre.

De preferencia fuerte

A lo largo de cuatro libros publicados entre 1924 y 1928 extiende Ford su brillante panorama de la sociedad. No pocos consideran a la tetralogía como la mejor elaboración sobre la guerra. Mucho material de mucho peso que el aclamado dramaturgo y ganador del Oscar Tom Stoppart (“Shakespeare Apasionado”) redujo en su adaptación a los elementos más fuertes y dramáticos, y que la directora Susanna White (“Generation Kill”) escenifica de tal forma que lo dejan a uno casi sin aliento. Para su caracterización los personajes a menudo se deben aferrar a algún accesorio de utilería o a un breve diálogo, pero eso les basta a los protagonistas Hall y Cumberbatch para poder elevar sus figuras de lo meramente emblemático hasta convertirlas en personalidades impenetrables.

Debido a la ubicación temporal, se cuelan las comparaciones con la exitosa serie “Downtown Abbey”: de su plácida narrativa y presunta exactitud histórica se aparta “Parade’s End” de forma clara y convincente. Las figuras principales aparecen una y otra vez en espejos rotos, en los títulos del principio el decorado se divide como en un caleidoscopio. Las figuras no pueden reconocerse en su totalidad, ni podemos hacernos un cuadro completo de ellos, ni de los tiempos en los que viven.

Para todos los fines de entretenimiento que ofrece “Parade’s End”, la serie también plantea la pregunta sobre qué es exactamente de la época de antes de la Primera Guerra Mundial, que traspasa fronteras -ver también el exitoso libro de Florian Illies, “1913”- y que nos fascina tanto. ¿Son el sistema de clases y la rígida moral sexual que hacen parecer como más picantes las infidelidades y los conflictos? ¿Es la catártica brutalidad de la guerra que se avecina lo que de alguna manera causa expectación?

“Parade’s End” termina después de seis capítulos. Pero no debe ser la última vez en que cine y televisión adoptan los tiempos de hace cien años. Quizá incluso las televisoras ARD y ZDF (alemanas) ya escucharon el disparo y han comenzado a ocuparse de la otra guerra mundial.

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